Mundo Fitness: cuando el entrenamiento, la dieta y la disciplina son la clave del éxito

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Mundo Fitness: cuando el entrenamiento, la dieta y la disciplina son la clave del éxito

27
Ago,2017

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Este deporte adquirió en la ciudad una gran cantidad de aficionados. Los torneos se multiplican en la Patagonia y la participación de las mujeres crece. Los competidores hacen de sus cuerpos un mensaje: en ellos resumen años de sacrificio, hambre y repeticiones. Junto a tres deportistas, Estefanía Szepeluk, Germán Ramírez y Esther Cortez, nos adentraremos en el Mundo del Fitness; y a su vez, conoceremos el origen de un legendario torneo que se realiza hace 33 años en la ciudad reuniendo a los mejores exponentes del deporte.

En el bullicio de uno de los gimnasio más importante de la ciudad, ubicado en el centro, Esther Cortez me espera en el primer piso donde brinda asistencia personal a varios clientes. Tiene 25 años y entrena desde los 16. Su rostro es muy femenino con grandes ojos claros. Es baja pero su físico resalta a simple vista.

“Empecé acompañando a un amigo pero no me lo tomaba en serio” me cuenta. No fue sino hasta que comenzó a ir al New Force Gym, que era un gimnasio muy fierrero -como ella misma lo define-, que se adentró en este mundo. “Iba mucha gente preparada, que iba a entrenar” recuerda. “Había una profe, que se llamaba Ceci, a que siempre veía y me parecía hermosa. Estaba marcada, toda fibrosa y un día me invitó a entrenar con ella y ahí empecé”.

En la actualidad Esther trabaja como entrenadora personal y se dedica a prepararse para poder competir en su primer torneo. “Me levanto a las 5 de la mañana a hacer bicicleta, una hora o 45 minutos. Después de eso desayuno. Tomo proteinas, claras de huevo con avena, como algo más y me vengo al gimnasio a hacer mi rutina. Hago 45 minutos de musculación y 30 minutos de abdominales y espinales. Después vuelvo a hacer bici o cinta”. Esta es la rutina que seguirá durante este año para subir al escenario en condiciones.

Estefy Szepeluk participó por primera vez en el Mr. Comodoro de 2016 en la categoría wélter y ganó. “Siempre que participás por primera vez te da miedo” dice y asegura que a pesar de entrenar hace un par de años es muy diferente estar en una competencia. “Tenía inseguridad a la hora de realizar las poses -explica-. Dije: ¡Que sea lo que Dios quiera! Y salió bien”. El año anterior había estado en la entrega de premios de ese mismo torneo porque el gimnasio en el que trabaja es uno de los auspiciantes.

Hace tres años que se dedica de lleno a entrenar. Tiene 33 y comenzó con el gimnasio en su ciudad natal, Formosa, por seguir a su hermano mayor. Pero no fue hasta llegar a Comodoro que comenzó a tomarlo en serio. En la ciudad, la diagnosticaron de una enfermedad congénita con la que debía cuidar su dieta. Con la incorporación de una disciplina en lo alimentario comenzó su verdadera transformación. “Lo primero es empezar a comer, comer bien. Al principio no era muy disciplinada. Pero cuando me puse como meta empezar a competir hice un cambio” sostiene. Al mismo tiempo, asegura que sin el apoyo de su novio, que también se dedica a competir, y su jefe que a su vez el entrenador, no podría haberlo conseguido.

Su participación en las competencias se formalizó el año pasado en el Mr. Comodoro. Comenzó a motivarse mientras acompañar a otros amigos de entrenamiento que realizaban sus presentaciones. En los encuentros, recibía comentarios sobre el buen estado de su cuerpo. “El año pasado arranqué en enero con el entrenamiento, diferente al que realizaba y comencé a ver qué es lo que me faltaba”.

Asegura que con un mes de dieta estricta logra estar a punto para una competencia. En ese periodo Estefanía balancea las proteínas, grasas y carbohidratos durante todo el día para poder marcarse. “En la tercer semana tengo que ver el resultado” revela.

Un cuerpo deseado

La gente reacciona de distinto ante los cuerpos femininos trabajados. “Tenés de todo. Los hombres me critican por la voz. Las chicas son más generosas” sostiene Estefy, y agrega que los piropos son una constante. “Me gusta más que me lo diga una chica, tampoco tanto, pero lo siento más sincero. Cuando me lo dice un hombre siendo que lo hace de baboso”.

“En la calle llamo la atención. En el verano me pasa que uso kimonos y calzas y me dicen cosas. No me pongo short ni a palos, a menos que esté con mi pareja. Con él sí uso shorts, mini, vestidos pero sola no me animo. Me persigo por las cosas que me dicen. Un piropo está bien pero todo depende de la forma en la que te lo dicen. Algunos son muy agresivos. Te hacen sentir que si no caminás rápido te agarran”. Y cuenta que “una vez caminado en el centro me dijeron: ‘Tenés tanta carne como para hacer milanesas para todo el barrio’”. En ese momento le resultó intimidador pero luego lo recordó con simpatía.

Su mejor atributo considera que son sus piernas aunque le elogian mucho su cola y asegura estar muy conforme con sus hombros. “Este año logré mejorarlos bastante”.

El cuerpo de una competidora tiene que ser armonioso. Yo voy a la categoría wellness y tengo que buscar un equilibrio” explica Esther. Se sonroja cuando le pregunto sobre la perte de su cuerpo que más le elogian y asegura que son las piernas y que está poniendo empeño en mejorar sus glúteos y pantorrillas. “Me rio mucho con la reacción de la gente. A veces las nenas me dicen que tengo cuerpo de travesti sobre todo cuando estoy en la etapa de volumen. A los hombres les gusta ver un culo grande -afirma-. Lo psicológico es importante. Tiene mucho que ver la cabeza, cuando estás entrenando y te ves bien querés más, y más, y más. Esto se convierte en un vicio”.

Germán Ramírez es alto. Morocho. Tiene unos hombros gigantes que lo hacen lucir imponente. Tiene 30 años y participó en 2015 de su primer Míster Comodoro ganando en su categoría. Entrenaba desde hace diez años pero comenzó a prepararse para competir un mes antes del torneo. Su buena condición física, producto de años de ejercicio, y su metabolismo le permitieron llegar a punto. Asegura que existen diferencias entre cómo se califica a un hombre y a una mujer en una competencia de fitness. Sin embargo, para Germán su cuerpo “refleja el esfuerzo y la constancia, en mi caso de 10 años de trabajo, de pasar por todo el proceso de aprendizaje para aguantar hoy el entrenamiento, constancia, esfuerzo. El cuerpo es una visión de cómo me gustaría llegar (a la adultez). Cuando arranqué en esto era una persona muy delgada” comenta y muestra una foto de su cambio.

En su gimnasio, atrás del mostrador y acompañado de un pequeño muñeco que Hulk que es uno de los objetos más fotografiados en su perfil de Instagram, comenta: “Mi visión siempre fue poder llegar a sentirme un poco mejor conmigo mismo, sentirme más seguro”. Esta transformación conllevó un cambio de vida. “Las salidas son mínimas, estás muy preocupado por las dietas, entreno dos veces por día, el descanso muy importante. Es un sacrificio. Vas en contra de la mayoría: mientras todos están comiendo un asado vos estás comiendo un pollo con ensalada”.

Al principio cuesta que la otra persona entienda que preferís hacer otra cosa antes que salir, si compartías una cerveza con amigos, ahora comparto un agua. En un primer momento le costó comprenderlo a sus amigos y su familia, “pero cuando vieron que abrí el gimnasio y que quiero vivir de esto, lo entendieron”.

Desayuno: café con leche, pechuga y arroz

La dieta estricta no es para cualquiera y eso lo pudo comprobar después de la primera competencia. El cambio de humor, el cansancio, el agotamiento y el sueño son algunas de las consecuencias de un programa de entrenamiento a este nivel. Cuando terminó el torneo, a Estefanía su entrenador le dio 20 días para pensar qué hacer, si deseaba seguir compitiendo y prepararse para el próximo; o si llegaba hasta allí y se dejaba de este modo de vida.

Esa primera semana después de la competencia tuvo antojo de fiambres. “Los comía toda la semana -recuerda. Al mismo tiempo asegura que- No paré de entrenar y no subí de peso, de hecho, bajé”. Esto es algo muy positivo teniendo en cuenta que después de una restricción calórica como a la que se someten todos los competidores suele seguirle un efecto rebote que los hace engordar pos competencia.

Por su parte Germán aclara que “no se vive todo el tiempo a dieta. Dieta no siempre quiere decir bajar de peso. Podemos hacer dieta para subir de peso, que es lo que le sacamos etapa de volumen, y después hacer una dieta de definición para llegar a la tarima y llegar en la mejor forma física. Generalmente uno planea. Por una cuestión de tiempo y dependiendo de la competencia vas a tener tu etapa de volumen, etapa de definición, tu etapa deshidratación”.

Para todos es diferente el tiempo de preparación. A medida que va pasando el tiempo empiezan a conocer sus cuerpos. “Hay gente que por su metabolismo, más veloz, las dietas les sirven de manara más rápida. Otros que necesitan más tiempo. En mi caso particular, tengo la suerte de que mi metabolismo es rápido, entonces puedo hacer poco tiempo antes la etapa de precompetencia, con eso me basta y sobra”.

En el 2011, Estefanía comenzó a tener problemas en la piel. Algunos años después, en un análisis de rutina descubrieron que tenía una condición genética que aumentaba el nivel de trigliceridos en sangre y debía cuidarse con las comida. “Me hice análisis y me dieron que tenía colesterol en sangre” explica. A partir de entonces, ser estricta con las comidas dejó de ser algo que hacia por el entrenamiento y se convirtió en una cuestión de salud. “Es una predisposición genética. Me suben los triglicéridos por más que coma bien”.

Estefy tiene que evitar las grasas y la sal. Su dieta de entrenamiento la obliga a comer cada dos o tres horas. Lo que hace un total de entre seis y ocho comidas diarias que no varían mucho entre los elementos que consumen. “El desayuno tiene que ser potente. Me acostumbré a desayunar una pechuga, 150 g de arroz, dos tostadas y un café con leche a las 7:30”.

A media mañana come atún o alguna fruta. Al mediodía arroz y carne, pechuga o un bife. Asegura que llega un punto que no sabe cómo cocinar el pollo y va variando los distintos tipos de arroz para no cansarse. Entrena todos los días, a la mañana, una hora. En la actualidad continúa preparándose para sus próximas competencias. Desde febrero empezó a dedicarse por completo con el entrenamiento y algo de dieta acorde a la fase en a que se encuentra. Cuenta con el apoyo de su pareja, Leandro Torres, que también se dedica al fitness y su entrenador y jefe, Adrián Miguel.

“Mi mamá al principio se reía -cuenta Esther-. Se burlaba porque me decía que vivía a pollo y arroz y que me iban a salir plumas”. Entrena tres horas diarias: dos de aeróbico y una de musculación. Su dificultad siempre fue seguir un plan alimenticio. “Al principio no sabía comer y vivía a atún, a huevo con arroz”. Después se acercó a una nutricionista para bajar de peso, porque había comido muchas proteínas y carbohidratos lo que la había hecho subir de peso. Y después, una vez que había bajado algo, afinó detalles para tonificarse.

Cuando comenzó a trabajar en el gimnasio empezó a instruirse en la alimentación. Por ese entonces todavía se encontraba en la Secundaria, que cursaba en el Liceo Militar, y la actividad deportiva que tenía ahí la ayudaba a complementar. Afirma que conocer el propio cuerpo es fundamental asegura.

En Comodoro por un amor

Estefanía vino a Comodoro para estar más cerca de un amor. En febrero de 2011 llegó a la ciudad y se vino a vivir con su hermana para estar más cerca de un novio que trabajaba en Río Gallegos. Lo hizo intentando acordar las distancias entre Formosa y la capital de Santa Cruz, que siempre es más próxima con Comodoro.

Después de algunos meses todo terminó. “Me quedé, me quedé y en un momento pensé en volverme (a Formosa). Me deprimí mucho, se me cambiaron los horarios y vivía de noche. Durante el día dormía y de noche miraba tele -recuerda-. Mi hermana sabía que me gustaba entrenar y un día pasamos por el New Force Gym y me preguntó si quería arrancar”. En ese mismo tiempo, estaba iniciando Enfermería en la Universidad. “Me fue bien pero me daba miedo rendir los finales” recuerda.

En el gimnasio “empecé sola a la noche, algunas máquinas no conocía y le pedía ayuda al chico que estaba de turno, pero me manejaba sola. Miraba muchos videos”. En su familia su mamá y sus hermano hicieron fitness por lo que el contacto con el gimnasio lo tenía. Sin embargo, revela que “mis hermanos se sorprendieron mucho cuando se enteraron que iba a competir”.

Esteroides y masculinidad

En un nivel de competición, la necesidad de lucir un cuerpo torneado y definido los lleva a consumir ciertas sustancias que acentúan esas formas. Es necesario mantener una disciplina en la nutrición y el entrenamiento. Pero también, en las instancias competitivas se suele complementar con suplementación. Existen grandes mitos y tabues sobre lo que representan estos aditamento para el competidor.

“Muchas veces me dijeron que estaba así por los esteroides” se queja Estefy. Si bien no niega consumir suplementos que ayudan a mejorar su figura, afirma que lo principal es todo el trabajo que realiza en el gimnasio. Sobre todo el trabajo mental. “Hay críticas por todo lados y lo psicológico es muy importate para seguir en esto. Te pinchan de todos lados y estás en una etapa en la que subís y bajás de ánimo y tenés que trabajar mucho la cabeza” dice.

El el gimnasio cada tanto alguien le pregunta qué toma. “Piensan que tomando una pastillita mágica ya está”. Revela que es muy común que en los gimnasio se consuman “cosas”. Siempre hay alguien que vende un suplemento, una formula o algo que promete buenos (y rápidos) resultados. Sin embargo, no explican los efectos adversos que pueden ocasionar. “Igual te vas a tonificar si comés más y más sano. Te va a costar un poco más pero” les dice a los que les consulta por el uso de esteroides. No obstante, sostiene que para una etapa de definición es necesario “pincharse”.

Al ser responsable de un gimnasio tengo que ser responsable de lo que le transmito a los que asisten -afirma Germán-. Cuando hablamos de suplementación, netamente esteróides, siempre hago una salvedad. Una cosa es la persona que viene al gimnasio por una cuestión de salud y otra es quien que quiere competir. Cuando la gente quiere llevar ese objetivo más allá, echamos mano a la suplementación. En este momento está muy avanzado y tenemos suplementos para todo tipo de cosas: ganar volumen, para extender los entrenamientos, para articulaciones, multivitamínicos, para tener altas las defensas”.

La mayoría de los suplementos alteran el sistema endocrino del cuerpo, estimulando la hormona del crecimiento y la producción de testosterona. “Siempre tengo miedo de perder mi femineidad. Siento que la voz me cambió, antes la tenía más finita” cuenta Estefy. “A mi no me importa que me critiquen, sé por qué lo hago”. Lo cambios que ofrecen estas sustancias se ven en la tonicidad del músculo. “Te sentís más rocosa, estás más pesada. El musculo se congestiona”.

Antes había un prejuicio al consumir esteroides, ahora está un poco más popularizado. En la mayoría de los gimnasio venden, sea alguien oficial del lugar o un particular. “Hay mucho tipo de suplementación para que la gente pueda llevar su resultado un poco más allá -explica Germán-. Cuando buscamos un nivel de competencia todo es un extremo. Los entrenamientos y la alimentación también; y los necesitás (a los suplementos). La dieta que nosotros hacemos para la competencia tampoco es sana. La deshidratación tampoco es sana”.

El cuerpo perfecto para un culturista

En el fitness existen distintos tipos de cuerpos que son apreciados. Para los hombres el patrón es homogéneo pero para las mujeres va de una figura más femenina a un cuerpo similar al de un hombre. “Entreno como un hombre. Hago los mismos ejercicios que ellos” las variaciones se dan en el manejo de los pesos y la suplementación, manifiesta Estefy. Asegura que si una mujer levanta peso no se convierte en un hombre.

“El cuerpo de una mujer, para mi gusto, tiene que ser armonioso, que tenga buena simetría y que no se salga de lo femenino” dice. “Hay mujeres fisicoculturistas. Las admiro, me encantan porque si a mi me cuesta definir, ellas hacen el triple” pero no es el estilo al que pretende llegar.

En las competencias se evalúa el sacrificio que se hacen en las dietas, o en la etapa final. “Llegar a cortar, definirte o a deshidratarte es una de la etapa más heavy. Muchos capas vienen bien y en el último día hacés una mala carga de hidratos y te llenas de líquido” explica.

La belleza de un cuerpo para ella no está dada por el volumen. “Para mí, el fisicoculturista patova no es mi estilo porque después que salen de la etapa de competencia quedan muy grandes, gordos. Es preferible que tenga buenas proporciones y buena masa muscular”.

Esther coincide y asegura que “el hombre que compite siempre quiere ser más grande”. En cambio, la mujer tiene que ser más armoniosa. Está en pareja desde hace cuatro años con otro fisicoculturista y cuando lo vio fue un flechazo. “La primera vez que entré al gimnasio lo vi a mi novio, que todavía no era mi novio, que se iba a competir. Lo vi tan grandote que me daba miedo. En ese momento estaba tan tallado, tan definido, con el musculo tan exacto. Justo lo había visto sin remera y quedé impresionada” recuerda.

Hay diferencias en cómo califican a hombres y a mujeres. “Tuve la oportunidad de estar una mesa con jurados y me enseñaron qué es lo que se puntúa y lo que se evalúa -explica y da ejemplos-. La maya de competición es una bikini pero no puede ser colaless. Tiene que revelar algo pero no tanto. Se califica el maquillaje, el peinado, los zapatos, el estrás, si usas accesorios como anillitos o cadenitas tienen que combinar. En el mínimo detalle se están fijado”.

Para Germán los modelos de cuerpos están marcados por la vieja escuela. “Tengo un lineamiento marcado sobre los clásicos: Arnold Schwarzenegger, Frank Zane, Tom Platz, eran físicos más estéticos donde se buscaban otro tipo de lineas que hoy no tenemos”. También guarda en su memoria físicos como los de Phil Heath y Kai Greene.

Entrenando el ego

Los largos entrenamientos no sólo potencian su masa muscular. El cambio corporal se ve reflejado en mayor seguridad y admiración por sus cuerpos. “Es un mundo en el que hay mucho ego” sostiene Estefanía.

Ella misma experimentó los cambios en su personalidad. “Antes era muy callada, tímida. Me costaba hacer sociales. Era la chica que tenía buena conducta en el colegio, que estaba callada y no hablaba con nadie. Y desde que empecé con esto me dio personalidad, me hizo sentir segura de lo que yo hago”.

El año siguiente, motivado por su primer triunfo, Germán decidió presentarse en una competencia nacional en Puerto Madryn. Allí también consiguió el primer lugar en su categoría, más de 80 kilos.

El cambio de vida fue progresivo. Diez años atrás, cuando tenía tan sólo 20, era un joven escuálido que trabajaba en la industria petrolera. Siempre estuvo algo interesado en mejorar su condición física y comenzó a hacer fierros.

“Ganar una competencia es una motivación. Cuando llevamos lo que hacemos a un nivel de competencia todo es extremo: las dietas, los entrenamientos -asegura-. Todo el esfuerzo que vos imprimís en las precompetencia lo ves plasmados en los minutos que estás en la tarima”. En la competencia se hacen poses reglamentarias y una rutina breve de poses libres, con un tema musical que dura poco más de un minuto.

De la competencia que te llevás, un trofeo y una foto. Nada más. No te llevas plata por la participación. Gastamos muchísimo en la puesta a punto, pero vale la pena porque después de tanto esfuerzo tu familia y tus amigos ven que más allá del resultado es lo que querés hacer”.

La competencia

La competencia comienza mucho antes de la presentación. Los atletas se preparan con meses de anticipación. Programan entrenamientos y dietas. “El mejor momento fue el 2016 cuando salí campeón en mi categoría en Madryn porque si bien me costó mucho la etapa de deshidratación alcancé a llegar como yo quería, definido, deshidratado” revela Germán.

Asegura que lo que más le cuesta trabajar es la etapa en la que corta la ingesta de hidratos. “La deshidratación, ahí es donde te das cuenta si estás hecho para esto porque tenes muchas complicaciones en tu vida personal. Le estás sacando al cuerpo cosas que necesitan para funcionar. Le estás sacando grasas, hidratos, agua. Estás bajo de energía, necesitás dormir un poco más de lo común, tenes que cuidar mucho el tema de los calambres, los desmayos”.

Esto lo sabe bien Estefy quien asegura que no disfrutó tanto el triunfo cuando lo obtuvo sino que cayó unos días después. En ese momento estaba muy alterada por la dieta, bajó malhumorada y recuerda que aunque la felicitaban por su presentación lo único en que podría pensar era en tomar agua.

“Me dedico a entrenar desde los 20 años, en la actualidad tengo 30, por lo que son diez años de entrenamiento” explica Germán sobre su acercamiento al mundo de las competencias. “Venía y entrenaba. Lo hacía muy mecánico. Sabía que lo me faltaba era tomar el impulso para competir para que alguien me critique, me diga qué es lo que tengo que mejorar, y eso me motive a seguir entrenando” agrega.

“Me decidí a competir no mucho antes del torneo. Como generalmente me mantengo bien durante todo el año, lo que hice ese mes es ajustar la dieta, la etapa de deshidratación (que es la más complicada) y por suerte salí campeón de la categoría y overall”.

Esther prendió mucho de su pareja. Él es un fisicoculturista con mucha experiencia que participa en torneos en todo el país. “Me ayuda con todo. Al principio entrenaba con él. Me enseñó todo, desde las técnicas, y las posturas”

Sin embargo, a la hora de entrenar y ser pareja no se podía dar el lujo de mostrarse débil. “Cuando entrenábamos me exigía al máximo. Entrenar con él me da seguridad” revela, al mismo tiempo asegura que hay cierta necesidad de demostrarle que puede hacer un poco más. “Siempre pienso que puedo hacer una repetición más”. Su acercamiento al mundo de los torneos comenzó con él.

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